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Obras en casa: ¿Gasto o inversión?

¿Está cansado de ver cómo el calor de casa se escapa por esas ventanas que no cierran bien?, ¿aburrido de que el agua caliente se acabe a mitad de la ducha?, ¿harto de destinar una parte muy alta de sus ingresos a la factura energética? Ha llegado el momento de realizar una rehabilitación energética de su vivienda.

Pero… ¿por dónde empezar?

Ponerse en manos de buenos profesionales es el mejor consejo que podemos ofrecerle. Ellos analizarán la factura energética y las emisiones contaminantes que está produciendo su hogar y, sobre todo, propondrán soluciones a su medida para mejorar su comportamiento, tanto económico, como ambiental. No podemos olvidar que los edificios son responsables de alrededor del 40% del consumo de energía y del 36% de las emisiones de CO2 en la Unión Europea.

El mayor gasto de nuestras facturas proviene de la calefacción, que supone el 70% del total, por encima del agua caliente o el aire acondicionado.

Por ello, mantener la casa a una temperatura adecuada será el primer reto al que nos enfrentaremos. Para conseguirlo existen todo tipo de soluciones. El cambio de ventanas, la sustitución de radiadores o incluso el tiempo de ventilación o la colocación de alfombras en el suelo, harán que nuestro consumo sea más eficiente, pero no solucionarán un gran problema de despilfarro energético. Sólo mediante una rehabilitación con criterios de eficiencia energética y sostenibilidad mejoraremos el comportamiento de nuestros hogares frente al frío y el calor.

 Obras en casa: ¿Gasto o inversión?El aislamiento hace que nuestro edificio ahorre energía y sea más sostenible

Un buen aislamiento de nuestras paredes suele ser prioritario. Gracias a él se puede ahorrar más del 30% de la energía consumida. De esta manera se está realizando toda una inversión de futuro. Una obra de estas características tiene un retorno medio de la inversión efectuada (en ahorro en climatización) de 4 años. Es más, durante la vida útil de nuestra vivienda obtendremos un beneficio de 7 euros por cada uno invertido y como beneficio añadido, los costes por tonelada ahorrada de CO2 serán los más bajos. También el cambio de calderas y la sustitución de ventanas presentan unos plazos de amortización muy interesantes que se deben analizar calculadora en mano, teniendo en cuenta también, que nuestra vivienda se revalorizará de cara a una futura operación de venta o alquiler.

Pese a que sea una buena operación financiera a futuro, no se debe olvidar por ello de las ayudas y subvenciones que las distintas administraciones ponen a disposición. En los últimos meses se han producido notables avances en materia de financiación pública para este tipo de obras, sobre todo con instrumentos como el PAREER CRECE ofrecido por el IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía) y los programas de ayudas del Plan Nacional de Vivienda que gestionan las Comunidades Autónomas. Incluso algunos municipios cuentan con interesantes subvenciones para el cambio de ventanas y calderas o la rehabilitación de fachadas. Si hay que recurrir a la financiación privada, una buena opción puede venir desde la banca ética, donde conceptos como la edificación sostenible, la eficiencia energética y el respeto medioambiental son ejes vertebrales de sus productos y servicios.

Y siempre, siempre, hay que tener claro a la hora de plantear una reforma completa de un hogar que gracias a las mejoras implementadas se producirán unas contraprestaciones importantes. No solo la eliminación de unas molestas humedades o dejar de escuchar a los ruidosos vecinos. Rehabilitar energéticamente una vivienda hará que gocemos de un mayor confort, un menor gasto de energía y, además contribuiremos a frenar las emisiones contaminantes de nuestra vivienda. Todo ello se resume en una sola frase: rehabilitar para tener una mejor calidad de vida.

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